LOGRAR NUESTRAS METAS

LOGRAR NUESTRAS METAS

Muchos de nosotros al empezar un nuevo año nos planteamos metas, buenos propósitos para cumplir: Dejar de fumar, adelgazar, ir al gimnasio, conseguir un trabajo mejor… Sin embargo, la mayoría de las veces, estos buenos propósitos, aunque los empezamos con muchas ganas, los abandonamos pronto. Establecer objetivos es fundamental para lograr aquello que queremos en nuestra vida.

Para poder conseguirlo hay que tener en cuenta unas pautas fundamentales:

- Concreta tus objetivos: Que sean específicos, claros y concisos. Si es necesario puedes dividirlos en sub-objetivos. Así, me pondré como objetivo ir 3 días al gimnasio. Cuando este sub-objetivo lo logre añadiré otros.

- Empieza por objetivos que sean fáciles: Para que con poco esfuerzo consigamos un resultado. El objetivo de correr dos horas, lo más probable es solo lo hagamos un día, mientras que si nos marcamos correr 15 minutos para luego ir subiendo el tiempo nos resultará más fácil.

- Crea hábito: Tirar de fuerza de voluntad únicamente es muy costoso. Si quiero ir al gimnasio tres días en semana es mejor que siempre vaya los mismos días y a la misma hora. De esta forma, esta actividad se convertirá en un hábito que me resultará más fácil llevar a cabo.

- Se disciplinado: No faltar nunca a menos que sea una causa de fuerza mayor. Si estoy cansado, me da pereza y no voy un día, lo más probable es que acabe por abandonarlo. Para ello, es bueno tener frases como “ya sé que me da pereza pero cuando luego acabo me siento muy bien”.

- Refuérzate: Cuando realices tu objetivo valora tu esfuerzo y los logros que vas consiguiendo. Esto te ayudará a ver que merece la pena y que, si sigues por esa línea, irás consiguiendo lo que te has propuesto.

- No te castigues: Si un día no cumples el objetivo plantéate qué ha pasado, e intenta aprender de esa situación.

-No abandones: Si un día fallas, piensa: “Aunque he fallado no pasa nada, mañana lo vuelvo a intentar” “es normal que algún día no lo consiga pero eso no significa que no pueda lograrlo”.

Sobre todo cree en ti mismo, persevera y no te rindas, nada es imposible…

ELIMINAR NUESTROS PENSAMIENTOS NEGATIVOS

Muchas veces cometemos el error de utilizar patrones mentales negativos a la hora de analizar un determinado problema, o llegar a ciertas conclusiones sobre nuestras vidas. Identificar estas formas de pensar autodestructivas, es el primer paso para convertirnos en espectadores de nuestros propios pensamientos y así, poder emitir juicios más acertados sobre la realidad que nos rodea.

 Formas de pensar autodestructivas:

1. Ser catastrofista:  Ante una situación difícil, las personas catastrofistas siempre imaginan el peor escenario posible, Esta forma de pensar crea mucha ansiedad.

2. Exagerar lo negativo y minusvalorar lo positivo: Habitualmente estas dos características van de la mano y ambas contribuyen a generar un estado de ánimo depresivo. El mejor ejemplo sucede cuando dices algo positivo y automáticamente utilizas la palabra “pero” para introducir algo negativo: “Cada vez lo hago mejor en el trabajo PERO sigo cometiendo errores”. Prueba por un momento a cambiar la palabra “pero” por la conjunción “y”. La frase quedaría de la siguiente forma:“Cada vez lo hago mejor en el trabajo Y sigo cometiendo errores”. Como puedes observar, en este caso los componentes positivo y negativo adquieren el mismo peso en la oración.

3. Creer que puedes saber lo que piensan los demás: A veces, creemos saber las motivaciones y razones que tienen las personas para actuar de una determinada manera, sin que tengamos ninguna evidencia para ello. Por mucho que te acerques, no puedes saber lo lleva a una persona a actuar de determinada manera, a menos que te lo diga de manera explícita. Y muchas veces ni aún así es suficiente. Debes asumir que el pensamiento de los demás es algo que escapa a tu control.

4. Pretender ser un experto siempre: En un área determinada es la receta ideal para generar estrés ya que te obliga a estar siempre a la defensiva. Cuando el error no es una opción para ti, siempre tienes que estar defendiendo tu opinión y tus acciones para poder justificarte cuando te hayas equivocado. Por mucho que sepas acerca de un determinado tema, debes asumir que el error forma parte esencial de nuestras vidas.

5. Los “debería”: Los “debería” suponen la existencia de una lista de reglas inquebrantables tanto para ti mismo como para los demás. La culpabilidad surge cuando eres tú el que rompe una de estas reglas. Por el contrario, experimentarás enfado y resentimiento cuando sean los demás los que rompan estas reglas. No debes olvidar que el concepto que tienes tú sobre lo que debería y no debería ser el mundo es sólo tuyo.

6. La culpa: Ocurre cuando te sientes responsable del sufrimiento de los demás o, por el contrario, responsabilizas a los demás de tu propio sufrimiento. Cuando culpabilizas, siempre hay algo o alguien externo a ti que es la causa de tu sufrimiento. Cambiar a los demás o cambiar las circunstancias que te rodean no es siempre una tarea fácil o posible. Lo único que puedes intentar hacer es cambiar tú mismo.

Para liberarnos de estas formas de pensamiento autodestructivo, es necesario:

- Ser consciente de estos errores: Identificar estos pensamientos negativos.

-Transformar estos pensamientos negativos por otros mas realistas y adaptativos. Con mucha    práctica y atención, lograrás adelantarte a estos pensamientos antes de que surjan, y podrás escoger un camino diferente.

 Al cambiar estos patrones mentales negativos, podrás conseguir que las reacciones emocionales que se generan a partir de ellos, no sean tan devastadoras como en el pasado.

¿Porqué me siento culpable por todo?

La culpa es un sentimiento de insatisfacción relacionado con algún hecho acaecido en el pasado. Conviene distinguir los sentimientos de culpa positivos (sirven para reparar el daño causado y no cometer el mismo error. Es una emoción sana y necesaria para la convivencia en sociedad), de los sentimientos de culpa negativos. Los sentimientos de culpa negativos aparecen cuando nos sentimos mal sin motivo, porque realmente no hemos hecho nada malo. Este tipo de culpa nos paraliza y nos resta energía para disfrutar del momento presente.

La predisposición a sentirnos culpables puede haberse originado en la infancia, especialmente si teníamos el tipo de padres o profesores que nos hacían sentirnos culpables por cada falta, por pequeña que fuera.

Muchos de nosotros hemos sido educados para creer que somos responsables de los sentimientos de los demás y que cuando alguien está molesto, enfadado o herido, es por nuestra culpa. Pero a menos que hagas daño deliberadamente, tú no eres responsable de los demás. Tu eres responsable de tus propias intenciones.

Las personas de baja autoestima son las más proclives a sufrir continuados sentimientos de culpa. En este caso, la culpa es disfuncional, ya que le sirve a la persona para reforzar su distorsionada autoimagen.

¿Que podemos hacer para liberarnos de esta emoción tan destructiva?

Para abandonar el sentimiento de culpa es necesario dejar la mentalidad dual (las cosas están bien o mal, son blancas o negras). Para ello se aceptará que las cosas están como están y que cada persona da la mejor respuesta que puede a cada situación. No estar acertado ante un problema no implica que haya que sentirse culpable por ello, pues ese “error” se convierte en una ayuda para aprender.

Conviene renunciar al perfeccionismo pues, al darse un nivel de exigencia muy alto para uno y para los cercanos, se repara más en lo que falta por hacer que en lo realizado y se tenderá a culpabilizar a los demás o a uno mismo de ello. Se asumirá que el compromiso de cada persona es intentar hacer las tareas lo mejor que se pueda, pero no perfectas, dado que la perfección no es posible.