¿Porqué me siento culpable por todo?

La culpa es un sentimiento de insatisfacción relacionado con algún hecho acaecido en el pasado. Conviene distinguir los sentimientos de culpa positivos (sirven para reparar el daño causado y no cometer el mismo error. Es una emoción sana y necesaria para la convivencia en sociedad), de los sentimientos de culpa negativos. Los sentimientos de culpa negativos aparecen cuando nos sentimos mal sin motivo, porque realmente no hemos hecho nada malo. Este tipo de culpa nos paraliza y nos resta energía para disfrutar del momento presente.

La predisposición a sentirnos culpables puede haberse originado en la infancia, especialmente si teníamos el tipo de padres o profesores que nos hacían sentirnos culpables por cada falta, por pequeña que fuera.

Muchos de nosotros hemos sido educados para creer que somos responsables de los sentimientos de los demás y que cuando alguien está molesto, enfadado o herido, es por nuestra culpa. Pero a menos que hagas daño deliberadamente, tú no eres responsable de los demás. Tu eres responsable de tus propias intenciones.

Las personas de baja autoestima son las más proclives a sufrir continuados sentimientos de culpa. En este caso, la culpa es disfuncional, ya que le sirve a la persona para reforzar su distorsionada autoimagen.

¿Que podemos hacer para liberarnos de esta emoción tan destructiva?

Para abandonar el sentimiento de culpa es necesario dejar la mentalidad dual (las cosas están bien o mal, son blancas o negras). Para ello se aceptará que las cosas están como están y que cada persona da la mejor respuesta que puede a cada situación. No estar acertado ante un problema no implica que haya que sentirse culpable por ello, pues ese “error” se convierte en una ayuda para aprender.

Conviene renunciar al perfeccionismo pues, al darse un nivel de exigencia muy alto para uno y para los cercanos, se repara más en lo que falta por hacer que en lo realizado y se tenderá a culpabilizar a los demás o a uno mismo de ello. Se asumirá que el compromiso de cada persona es intentar hacer las tareas lo mejor que se pueda, pero no perfectas, dado que la perfección no es posible.

Asertividad: Defiende tus derechos

La Asertividad se define como: “la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento”. Está en el tercer vértice de un triángulo en el que los otros dos son la pasividad y la agresividad. Situados en el vértice de la pasividad evitamos decir o pedir lo que queremos o nos gusta, en la agresividad, lo hacemos de forma tan violenta que nos descalificamos nosotros mismos.

 

Declaración de derechos de la persona asertiva 

  • 1. De considerarse -fundamentalmente- importante.
  • 2. De ser uno mismo.
  • 3. De triunfar según sus propios criterios.
  • 4. De ser respetado y de pedir ese respeto.
  • 5. De pedir las cosas por sí mismo.
  • 6. De ofrecerse buenas cosas a sí mismo.
  • 7. De expresar sus sentimientos, sus emociones.
  • 8. De cambiar de opinión, de equivocarse, de no saber, de cometer  fallos – según los criterios de los demás.
  • 9. De no gustar.
  • 10. De rechazar, de decir no.
  • 11. De no hacerse cargo de los demás.
  • 12. De romper una relación.
  • 13. De no preocuparse por la opinión de los otros.
  • 14. De exigir y de insistir.
  • 15. De no justificarse.
  • 16. De tomarse su tiempo.
  • 17. De hablar positivamente de sí mismo, de sus aptitudes, de sus capacidades, de su originalidad.
  • 18. De evolucionar, de desarrollar sus aptitudes, de convenirse completamente en la persona única que
  • 19. De ofrecer – de aceptar.

Hay que tener en cuenta que estos son nuestros derechos y también los del otro, y los derechos del otro también son obligación nuestra.